Me has engañado, has jugado sucio conmigo porque yo quería creer en ti y has aprovechado para señalarme con el dedo por tus pecados. Yo hubiera cogido la maleta y escapado a cualquier parte del mundo contigo, por otro lado le decías a ella lo que también quería escuchar en París. No he querido saber como funcionas con otra mujer que no fuera yo, pero mi parte más vulnerable y masoquista se ha filtrado por los recovecos de ese amor que sí es público y en privado ya no te diré que gracias por tratarme como si fuera gilipollas, gracias por decirme todo cuanto me has dicho a sabiendas de que jamás ibas a tener que cumplirlo.
Era innecesario te creyeras el valiente caballero que había de rescatarme porque si de alguien huyo es de gente mentirosa, mezquina y ruin. La culpa sigue siendo mía, siempre que me equivoco es porque fui yo quien dio el paso y espero poder contenerme, seguir sonriendo y no hacer caso de tus camelos.
Y por supuesto que ella te ama, te adora, seguro que te quiere más que yo porque tienes razón, he llegado al punto de odiarte, de darme cuenta de que me he quedado sin fuerzas para tratar de creerme nada más, de confiar en lo que sentía, en tu mirada. Pero si esto tenía que ocurrir tenía que ser a mi. Si, me arrepentiré de todo lo dicho y callado porque no llegué a mudarme a tu casa pero me trasladé al pequeño rincón de tu mundo en el que me alojaste y vivo desde entonces.
No sorberé más tu aliento ni te veré al despertar y tampoco te rozaré como si en ello me fuese la felicidad. Se acabó, es hora de reflexionar y volver a construir una ciudad sobre las ruinas de esta ilusión, a pesar de que no nunca quise que así fuera.
domingo 5 de julio de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)